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La última persona que llegó a mi consultorio fue una mujer que, durante el último año, había acudido a su médico en dos ocasiones por un recurrente malestar estomacal que la dejaba sin apetito y con náuseas. Los resultados de la exploración física no permitieron a su médico diagnosticar enfermedad o condición que explicara estos incidentes y, de esta manera, solicitó cita conmigo. Desde su primera visita aprendí que era recién divorciada, que pasaba por momentos difíciles y, que cada vez que debía lidiar con si ex pareja aparecían las crisis gástricas.

Sin duda, al psicólogo clínico acuden personas con trastornos mentales conocidos: depresión, ansiedad, traumas. Pero es importante mencionar que un gran porcentaje de nuestros pacientes también son personas que pasan por otras situaciones difíciles que, con frecuencia, son pasajeras. Quisiera mencionar, en una corta lista, tres (3) motivos adicionales para ir al psicólogo cuando no tenemos una enfermedad mental claramente definida.

1. Búsqueda de apoyo en el proceso de adaptación ante una situación retadora: divorcios, muertes, accidentes, enfermedades. Todas estas circunstancias nos causan molestias y dudas y, en ocasiones, un terapeuta puede ayudar a navegar estas aguas turbias.

2. Auto-conocimiento: Principalmente cuando una persona debe tomar un decisión importante, está en un punto de cambio en su vida, o simplemente desea mejorar.

3. Mejorar habilidades sociales: Para mejorar relaciones personales más cercanas (cónyugue, en el trabajo, con la familia).

Pensar que la terapia es “sólo para locos” no es solamente ofensivo sino incorrecto y puede llevar a que muchos, que se beneficiarían de unas pocas sesiones, dejen de acudir por temor a la estigma.

Piensa en un gran cambio que has tenido en tu vida. Mudarte de la casa de tus padres cuando llegaste a la adultez o cuando tus hijos se fueron de la tuya, mudarte de país, cambiar de puesto en el trabajo o enfermar. Seguramente fueron días llenos de duda, entusiasmo, tristezas, miedos – es decir, toda una gama de emociones entremezcladas que te acompañaron mientras pasabas por un proceso de adaptación. Esa montaña rusa de emociones puede generar malestar y es normal pues todo cambio – incluso los positivos – genera estrés. Pero cuando el cambio lo percibimos como negativo, la tensión es aún mayor.

Perder el trabajo es catalogado como un evento sumamente estresante en la vida. Estar en el momento en que buscas trabajo por primera vez, sin éxito, tiene un efecto muy similar. Y, claro, lo primero que viene a la cabeza son los miedos financieros. Es fácil reconocer que el desempleo genera malestar cuando, seguramente, la mente de quienes lo viven está preocupada sobre cómo pagar cuentas, cómo velar por sus dependientes, cómo llevar el día a día. Pero el problema es mucho más profundo de lo que salta a la vista.

Nuestra profesión, lo que hacemos, ayuda a definir quienes somos. Cuando te describes, seguramente dices algo como: “soy un hombre de 30 años, soltero, abogado de profesión y me gusta jugar baloncesto”. Perder el trabajo es perder parte de quien eres; es una buena sacudida a tu mundo interno. El trabajo, además de brindarnos seguridad y rutina, nos abre oportunidades para expandir nuestra red social, trabajar con otros, y sentir que ocupamos un sitio que es valorado por otros. Todo esto lleva a que el desempleo, más allá de preocupaciones financieras, nos puede llevar a una baja en autoestima, ansiedad y hasta depresión.

Entonces, ¿qué hacemos para mantener equilibrio emocional mientras salimos de esta incómoda situación? Aquí te paso unos datos:

1. Cuida tu salud: No te olvides que salud mental sigue siendo salud, a secas, sin apellido. Tu mente es parte de tu cuerpo así que si no lo cuidas, es normal presentar dificultades emocionales. De hecho, la población desempleada muestra mayores tasas de enfermedades cardiovasculares, respiratorias, y hasta de lesiones (accidentales y no accidentales). Todo esto como consecuencia de que, al encontrarnos sin oficio, empezamos a ser menos activos, comer peor, sufrir de insomnio, etc. Así que, no olvides mantener, o incorporar si ahora no lo haces, buenos hábitos en tu día a día.

2. Mantén una rutina: Las rutinas nos dan estructura, disminuye incertidumbre y nos dan una sensación de control. Adicionalmente, comprometerse con algo te ayuda a seguir motivado y sentir que estás alcanzando metas diarias. Además, la rutina no tiene que ser compleja ni inflexible. Se trata simplemente de tratar de levantarse y acostarse a horas similares, incorporar actividad física, cumplir con tareas en el hogar, etc.

3. Inicia (o aumenta) un pasatiempo o actividad social: Evidentemente es importante invertir tiempo en la búsqueda de empleo pero tampoco es saludable dedicar todas nuestras horas de vigilia a una sola cosa. Este momento podemos aprovechar para perfeccionar, adelantar o culminar otros proyectos que hemos hecho y que gozamos. A través de los “hobbies”, podrías re-descubrir pasiones o cosechar nuevas habilidades mientras mantienes la mente ocupada sanamente.

4. Regala tu tiempo: Ahora el tiempo te sobra y, aunque también tienes necesidades que no se están cubriendo, hay otros que siempre tienen menos que tu. Una vez culminada la parte de tu rutina diaria dedicada a buscar trabajo, haz voluntariado. Dar nos aumenta la autoestima, nos ayuda a conectar con otros, y nos recuerda practicar gratitud. Lo mejor es que tu decides qué quieres hacer y cuánto tiempo quieres dedicarle – sin presiones – y no se ve nada mal en tu CV ;).

5. Usa el tiempo para pensar: Por último, recuerda que nunca está de más repensar y considerar el o los caminos que hemos escogido. Ya que te has visto forzado a buscar nueva chamba, piensa: ¿Qué es lo que quiero de mi profesión? ¿Qué aporte quiero hacer en una organización o emprendimiento? ¿Estoy buscando trabajo en el área que realmente me apasiona? Quien quita, de pronto este momento te va ayudar a ubicarte en una situación donde encuentras más propósito en tu vida.

Desde la primera vez que la escuché, conecté con y me encantó la canción “Ironic”. Con sus suaves notas en guitarra al principio que luego se transforma a un ritmo rock que aumenta en energía siempre me pareció contagiosa y alegre. Pero si escuchamos detenidamente la letra de la canción, ¿podemos concluir que realmente es alegre? Después de varios años de estudio y experiencia ahora identifico otra realidad. Y es que, además de ser psicóloga, al igual que Alanis yo también he tenido mis dificultades emocionales y todo lo anterior me permite identificar la señales de estos problemas por pequeñas que sean.

Pensemos sobre lo que nos dice la cantautora en su éxito. Les adelanto que es el perfecto ejemplo del pensamiento pesimista que envuelve a la persona con depresión. Cuando está deprimida, la persona piensa que todo es personal, permanente y ubicuo. Es decir, “lo malo me pasa siempre a mi en todos los aspectos de mi vida”. Díganme, ¿cuáles son las probabilidades de morir en un accidente de avión? Para que se hagan una idea: sólo en los Estados Unidos se calcula que en cualquier momento dado circulan un mínimo de 7 mil naves en sus cielos pero los accidentes fatales – a nivel mundial – se cuentan con los dedos de las manos en un periodo de meses. ¿Diez mil cucharas cuando necesitas un cuchillo? ¿En serio? ¿Cuántas veces les ha sucedido?

De manera jocosa, y conectando con ustedes a través de la música, he querido poder describirles la venda que llevan muchos pacientes sobre sus ojos. La depresión les dificulta ver y analizar las cosas como son. Pensar que la lluvia el día de tu boda es mala suerte, en vez de un fenómeno propio del trópico (en lo que corresponde a Panamá, por lo menos), es gran parte del problema. En la canción también se deja al descubierto el parálisis que puede sentir el que padece un problema emocional o de conducta. Esperar el momento ideal o no atreverse a hacer algo por miedo al fracaso o las consecuencias negativas que éste imagina son parte del cuadro clínico.

Si tu o alguien que conoces se encuentra ahogado en pesimismo, te invito a que busques ayuda porque soluciones hay muchas – incluyendo terapias como la Cognitivo Conductual y/o uso de fármacos. Alanis ha hablado abiertamente de su batalla contra la depresión y trastorno de la conducta alimentaria, entre otros. Es una mujer fuerte, luchadora, que sigue cosechando éxito y que afirma haber encontrado mucha ayuda con su terapeuta. En pocas palabras, si estamos dispuestos a trabajar, todos podemos lograr mayor tranquilidad y felicidad.

P.D. Sé que podemos entrar en debate sobre el uso correcto, o no, de la palabra ironía para las situaciones presentadas en la canción. Para fines de este artículo, vamos a dejar ese debate en pausa 🙂

Los psicólogos usamos distintos enfoques – o perspectivas – para entender el comportamiento, pensamiento y emoción humana. No existe uno que sea “mejor” que otro; más bien cada uno hace énfasis en diferentes aspectos de lo que nos hace personas. Hay terapeutas que se centran en un enfoque de manera estricta mientras que hay otros que combinan técnicas y estrategias para lograr mejoría en sus pacientes.

De manera breve les quiero mencionar las más importantes. Usemos un mismo caso para ejemplificar y facilitar la comprensión.

Ana es un chica que atiende a consulta porque sufre de ataques de pánico.

1. Conductismo: Se enfoca en la conducta de las personas y cómo ésta es afectada por el ambiente. Nace del deseo de una psicología basada en hechos observables y medibles. Da énfasis en el presente.

Un terapeuta conductista dedicaría mucho tiempo a entender el antes inmediato, durante y después de los ataques de pánico de Ana. Se preguntaría: ¿qué en el ambiente dispara y/o mantiene esta conducta maladaptativa (los ataques). El tratamiento sería centrado en el manejo de esas variables

2. Psicoanálisis: Enfocada en el inconsciente. El ser humano es afectado por factores internos y, en muchas ocasiones, por conflictos entre sus distintas partes (ello-yo-superyo). De manera simplificada, el ello quiere satisfacer nuestros instintos mas primitivos mientras que el superyo quiere ser moral y ético (socialmente correcto). El yo busca el balance entre ambos lo que causa conflicto. Da importancia a experiencias en el pasado.

El terapeuta buscaría qué conflictos internos batalla Ana. También dedicaría mucho tiempo a conocer su pasado y qué situaciones le han llevado a desarrollar la conducta maladaptativa. Se aseguraría que Ana tomara conciencia de estos conflictos internos – con raíz en el pasado muchas veces – de los cuales ella misma no es consciente.

3. Humanista: Enfocado en la capacidad humana de poder escoger y tomar sus propias decisiones. Enfatiza la búsqueda de autorealización.

El terapueta se centraría en el establecimiento de metas para Ana – a corto y largo plazo. Preguntaría a Ana qué quiere ella de la vida y guiaría para que ella camine hacia ello.

4. Cognitivo: Enfocado en procesos mentales que usa el ser humano para entender y transformar información. Da importancia a representaciones mentales que hacemos para entender el mundo.

El terapeuta exploraría con Ana cuáles son los pensamientos que ella tiene antes, durante y después de los ataques de pánico. Se preguntaría de qué manera ella lo interpreta y la terapia se centraría en que ella aprende formas de atención, pensamiento y memoria más adaptativos.

5. Socio-cultural: Tal como indica el nombre, se enfoca en cómo nuestra cultura y la sociedad que nos rodea afecta nuestra forma de ser y nuestra forma de interpretar las conductas de otros.

¿Qué valores o creencias en nuestra sociedad hacen que Ana adquiera esta conducta maladaptativa?

6. Biológica: Enfocada en la base fisiológica o biológica de nuestra conducta. Da importancia a como la genética, cerebro, sistema inmunológico, etc., afectan nuestra forma de ser y actuar.

El terapeuta exploraría por procesos fisiológicos que conducen a los ataques de pánico. El tratamiento estaría centrado en cambios de dieta, medicamento u otros que ayuden al cuerpo a volver a la homeostasis.

¿Con cuál se identifican? ¿Creen que una sola perspectiva puede explicar toda la complejidad del ser humano?

Ir al psicólogo, y lo que hacemos los psicólogos, esta rodeado de mitos y desinformación. Quisiera poder abordar todos estos mitos pero resultaría en un articulo interminable que nadie leería. Mas bien, hablemos de la diferencia entre un terapeuta y una amistad (o familiar). Y es que últimamente, al enterarse que soy psicóloga, muchas personas me dice: “Yo mejor me desahogo con mi pareja” o “Mi terapia es ir de happy hour con mis amigas los jueves”. No me malentiendan. Me parece genial que se apoyen en seres queridos pues una conducta de adaptación muy positiva. Sin embargo, les quiero compartir los principales motivos por los cuales, en ocasiones, es mejor hablar con un psicólogo.

1. Formación profesional: Un psicólogo clínico idóneo ha estudiado por años, y ha recibido entrenamiento extensivo, para poder hacer evaluaciones e intervenciones clínicas. En un esfuerzo colaborativo, tu terapeuta podrá identificar los factores que determinen o mantengan un problema y trazarà un plan que facilite los cambios deseados.

2. Objetividad: Tu terapeuta no es amiga / primo / compañero de trabajo etc. de las personas que te rodean. De hecho, aunque decimos que Panamá es un pañuelito, con altas posibilidades tu terapeuta no tiene idea de quienes son las personas en tu vida. Esto le permite guiarte con mayor neutralidad.

3. Aunque suene contra intuitivo, hablar con “un extraño” puede ser mas fácil que hablar con alguien conocido. Con tu psicólogo no te expones a sentimientos de vergüenza ante lo que puedan opinar tus conocidos. No tienes que preocuparte por que seas rechazado o que se dañe lo bueno que puedan pensar de ti tus seres queridos.

4. Mi favorita: No es trabajo del psicólogo darte consejos: El psicólogo clínico debe guiar y fomentar un alto nivel de auto-conocimiento que permita que los pacientes superen dificultades y alcancen sus metas.

Y tu, ¿qué opinas? ¿Consideras que me falto mencionar otro motivo sobresaliente? ¿Qué otros mitos crees que rodean la psicoterapia?