La última persona que llegó a mi consultorio fue una mujer que, durante el último año, había acudido a su médico en dos ocasiones por un recurrente malestar estomacal que la dejaba sin apetito y con náuseas. Los resultados de la exploración física no permitieron a su médico diagnosticar enfermedad o condición que explicara estos incidentes y, de esta manera, solicitó cita conmigo. Desde su primera visita aprendí que era recién divorciada, que pasaba por momentos difíciles y, que cada vez que debía lidiar con si ex pareja aparecían las crisis gástricas.

Sin duda, al psicólogo clínico acuden personas con trastornos mentales conocidos: depresión, ansiedad, traumas. Pero es importante mencionar que un gran porcentaje de nuestros pacientes también son personas que pasan por otras situaciones difíciles que, con frecuencia, son pasajeras. Quisiera mencionar, en una corta lista, tres (3) motivos adicionales para ir al psicólogo cuando no tenemos una enfermedad mental claramente definida.

1. Búsqueda de apoyo en el proceso de adaptación ante una situación retadora: divorcios, muertes, accidentes, enfermedades. Todas estas circunstancias nos causan molestias y dudas y, en ocasiones, un terapeuta puede ayudar a navegar estas aguas turbias.

2. Auto-conocimiento: Principalmente cuando una persona debe tomar un decisión importante, está en un punto de cambio en su vida, o simplemente desea mejorar.

3. Mejorar habilidades sociales: Para mejorar relaciones personales más cercanas (cónyugue, en el trabajo, con la familia).

Pensar que la terapia es “sólo para locos” no es solamente ofensivo sino incorrecto y puede llevar a que muchos, que se beneficiarían de unas pocas sesiones, dejen de acudir por temor a la estigma.

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